sábado, 21 de abril de 2018

El feminismo de Jesús


Estudié doce años en un colegio católico. Me sé la misa de principio a fin. Me bautizaron, hice la primera comunión y la confirmación. No creo en la Iglesia Católica. Respeto a las monjas porque son personas mayores, no por sus hábitos. Creo en Dios y en Jesús, y los amo infinitamente. No creo en la Iglesia Católica, ni en ninguna institución que afirme representar a Dios en la tierra. Manipularon la historia y sobre todo, no son coherentes con el mensaje que difunden. Si mi futuro esposo lee esto, ¿en serio quieres que nos casemos por la Iglesia Católica? Deberíamos discutirlo.

Soy feminista. No tengo miedo de decirlo, y puedo discutirlo con cualquiera. No odio los hombres, no lucho por causas absurdas, no le grito a los hombres porque existen, o porque me abren la puerta, o porque me pagan la cena. Soy de las que les informo a los hombres y mujeres, que nos matan a diario, que seguimos ganando miseria en los mismos cargos que los hombres, que tenemos miedo de denunciar violencia porque no nos creen, porque a los ojos de todos somos culpables de las cosas que nos pasan. Soy de las que no tiene problema de hablar de esto mientras almuerza con compañeros de trabajo, o de decírselo a superiores si escucho que están hablando huevadas, o de educar a mis familiares si hacen algún comentario de 1820.

Creo en Dios y soy feminista, y según muchas activistas, lo que acabo de afirmar es imposible. Hay un tema en especial que hace cuestionar a los dos lados: El aborto. Estoy a favor del aborto. Quiero que todas seamos capaces de decidir sobre nuestro cuerpo. Vamos, no es tan difícil. Y bueno, se supone que la gente ama a Dios, quiere a los fetos. ¿No? Se dicen ‘provida’. Tan irónico como absurdo. Colocan la salud de una mujer con una historia, delante de la ‘vida’ de un feto. No sé qué creen ustedes, pero Dios es un ente divino y solo pienso, que está súper decepcionado de los que dicen representarlo. 

Con una de mis mejores amigas, siempre discutimos y formamos teorías de la razón de vida de Jesús. Un profeta que dio un mensaje tan poderoso y que las Iglesias simplemente decidieron ignorar: AMAOS UNO A LOS OTROS, COMO YO OS HE AMADO. Es una frase tan sencilla, tan fácil de llevar a cabo, y los religiosos lo están arruinando. O sea Jesús vino a decirles: Saben qué Dios los perdona porque no sé si leyeron el antiguo testamento, la gente se ha pasado un poco, así que les traigo un mandamiento nuevo pls síganlo, nos va a ayudar a todos a ser mejores humanos: Ámense. Amar es cool. Yo los amo, y miren me preocupa que coman, que tengan salud, que beban vino, y que le den besos incluso a quienes no los aman tanto. Ustedes amen y ya.


Aún me pregunto en qué parte de esas diez palabras que dijo Jesús, la Iglesia Católica (y las otras) se perdió tanto. Entonces, sí soy feminista y creo en Dios. Creo que hay que educar a los niños y niñas para que en equipo luchemos por tener las mismas reglas del juego. Creo que aún hay muchos hombres y mujeres que están teniendo está transición y no entienden muy bien que hay pequeñas acciones, e incluso frases que mantienen al machismo. Sí, tú querida influencer, que aún tuitea cosas como: ‘Hombre que toma pilsener light, una amiga más’. Amiga, no estás haciendo daño a todos. No es chistoso. Creo que hay que tener paciencia, es otra generación, normalizada por el machismo.

Como feminista, apoyo las acciones del movimiento LGBTI, porque son víctimas del machismo y de la heteronormatividad defendida por obviamente, el machista. Como creyente en Dios, los apoyo más y a ojos cerrados, porque creo en el amor y no existe otro argumento más fuerte que éste. Fin. Hay muchos estudios que afirman que Jesús fue uno de los primeros feministas, y la verdad no tengo que ahondar tanto cuando dijo ‘ámense los uno a los otros como yo los he amado’ siento que fue suficiente, y bueno, tenía seguidoras mujeres y al tipo le parecía absurdo que porque alguien tenga la regla no pueda ser hija de Dios. El man un bacán.

Quizá y solo quizá, estoy hablando huevadas. Pero es mi punto de vista, es lo que siento y es la forma en la que vivo. No soy una feminista que odia a los hombres (hay mujeres que no soportan que un hombre les pregunte la hora), odio el machismo, y lucho conmigo por desterrar detalles dentro de mí que podrían fomentarlo. Amo a Jesús y Dios es bueno. Siento que las Iglesias están jugando del lado equivocado.

domingo, 4 de marzo de 2018

El círculo del desastre


(A todos aquellos que no se dan cuenta y no tienen idea que han estado en el momento preciso con un consejo y un abrazo para ponerme rapidito de pie)

Chuchaqui, con mala noche y odiando cada decisión tonta del día anterior recibía una ‘capacitación’ sobre los sueños, las metas y esas cosas que hay que tener para no andar perdido en la vida. Estaba tranquila, muriendo interna y lentamente, pero tranquila porque había agua y comida. Las personas que daban esta charla motivacional solo me ayudaban a desear más la cama de hotel que solo disfruté dos horas, dos, porque chicos eso de beber hasta el amanecer ya raya en no quererse mucho. No hagan eso. No le hagan eso a su piel. A su vida. A su alma. Todo iba bien, contando las horas para subirme al avión y regresar a Guayaquil. A sudar, a comer cangrejos, a dormir lo que me debía. 

Estos chicos motivacionales - no motivacionales nos invitaron a realizar una evaluación de cada ámbito de nuestras vidas. Para esto, nos facilitaron una hoja dónde había un círculo y esta circunferencia partida como un pastel mencionaba secciones como: finanzas, familia, romance…etc. Dentro de cada partición había puntos a lo largo del 0 al 10. Era muy fácil: marcabas la calificación con un punto y luego unías estos puntos para ver qué tan equilibrada estaba tu vida. Entonces podía quedar un círculo perfecto que anunciaba el equilibrio total de tus decisiones, ó valer verga y que te quede una figura terrible como la mía. Hasta ahí, estaba normal, analizaba mi figura y me daba cuenta que no estoy tan bien en mi vida, pero normal. El chico motivador – no motivador, nos pidió que por favor nos pongamos en pareja y le contemos a esta persona, la razón de nuestras calificaciones en cada aspecto de nuestras vidas. Ventajosamente, mi pareja era una persona agradable, que me cae muy bien y el cual me hace bromas todo el tiempo, entonces no le vi problema. La condición era no juzgar, ni dar consejos, solo asentir con la cabeza y ya. Dejé que inicie él. Un hombre mayor de 50 años y un círculo casi perfecto, me contaba su gusto por la naturaleza (sí, este aspecto también estaba), su relación con sus hijos, la pasión por su trabajo, detallado pero concreto, me daba gusto escuchar la tranquilidad de sus palabras. Asumí que esa misma paz iba a salir de mí. Antes de iniciar a contarle mi círculo del desastre, a modo de excusa y broma le dije: Recuerde que recién cumplí 26. Bueno, los aspectos son: Trabajo, Finanzas, Salud, Familia-amigos, Romance, Naturaleza, Deporte, y estoy casi segura que uno se me escapa. 

El círculo era éste, pero con diferentes secciones. 
A excepción de Trabajo y Familia- Amigos, mis calificaciones en los otros aspectos eran reprochables. Él me escuchó tranquilo y no me miraba. Recuerdo que cuando llegué a Romance, y vi mi 0 solo dije: Malas decisiones, pésimas. Una, tras otra. Cuando llegué a Salud, solo pude decir: Descuido. Y aunque en Familia y Amigos me califiqué bien, salió de mí un: Me falta elegir mejor a las personas que llamo amigos. No lloraba, pero me sentía vulnerable y expuesta, a pesar de que él me da confianza. Y al parecer él sintió lo mismo porque saltándose la orden inicial por los motivadores-no motivadores, tomó mi rueda y empezó a decirme por cada aspecto, lo que él intuía que estaba pasando. Tiene dos hijos de mi edad, y está segura que la rueda de ellos es muy parecida a la mía. Este hombre me regaló desde consejos financieros, palabras de amistad y un: El amor llega, confía, cuando alguien está para uno solo aparece, provocando lágrimas y ganas de morirme de la vergüenza porque estaba rodeada de gente de trabajo. Terminó diciéndome cosas más lindas y me dio un abrazo. Cambiamos de tema, comimos y nos reímos. Esa tarde, por otras situaciones, mi llanto continuó casi hasta el final del día. Lo chistoso, es que cuando tomé el avión a Quito iba preparada mentalmente para llorar, pero no por las razones que lo hice. Viajé para un ‘Comité Ampliado’ un momento de tensión laboral de niveles absurdos. Iba preparada para recibir críticas mal intencionadas y llamados de atención por parte de mis jefes al equipo (no por un mal trabajo, sino porque seguimos siendo nuevas) pero jamás se me ocurrió llorar de auto decepción, de las malas intenciones personales de una ‘amiga’, o porque alguien anunció su renuncia (yep, lloré por esas tres cosas). 

Ese día regresé a mi ciudad agotada emocionalmente, pero liviana y decidida a mejorar ese círculo del desastre. Ese día esos motivadores- no motivadores me pusieron en la cara un diagnóstico de lo mal que lo puedo estar haciendo. Gracias. Ese día dos personas, que no tienen idea, me ayudaron a sentirme bien porque no eran mis mejores 24 horas. Gracias. 

lunes, 25 de diciembre de 2017

Te quiero mucho 2017

Hace poco escribí un tweet que decía que si me iba bien en el último comité de mi trabajo, declaraba al 2017 uno de los mejores años. El comité, de hecho, se canceló y oficialmente: Te quiero mucho 2017.
  •    En 2016, inicié un diario y este año hice lo mismo. Una de las mejores decisiones, gracias a este par de cuadernitos pude confirmar que todas las tormentas pasan. Un día estoy diciendo que me quiero morir por alguna situación, meses después me estoy riendo de mi reacción. Además escribir me sirve un montón para tomar decisiones definitivas. Las firmo. 
  •    Empecé el año tomando la peor decisión del universo y no importó, me levanté.
  •   Este año aprendí que estoy hecha de voluntad, no de dolor. Que soy capaz de cumplir mis promesas, que no debo sufrir por cosas que yo puedo solucionar. Les cuento que en el afán de no olvidar esta frase, casi me tatúo. Tomé un taxi y le di la dirección del lugar de tatuajes al señor, en el camino me arrepentí. En su lugar, decidí ir donde hacen pulseras con la palabra o frases que desees. La mía dice: VOLUNTAD, nunca me la quito. Cuando estoy a punto de cometer alguna estupidez, la miro y me calmo.  Mírala aquí.
  • 2017 también me recordó que no debes confiar en quien alguna vez te lastimó con alevosía. Que aunque la gente cambia, los corazones malos nunca. Que hay que confiar en la intuición cuando algo dentro de ti te dice: No, con él/ella no.
  • Aprendí, además que las historias de amor permiten no perder la fe. Un día sentada en mi puesto de trabajo, con un hueco en el estómago y firmando en mi diario que iba a quedarme sola para siempre; una compañera que casi nunca se acerca a pedirme algo, me hizo un requerimiento y se quedó junto a mí mientras lo realizaba. Mientras tanto, me contó una historia de coincidencias y vuelos entre su sobrina y su esposo. Dos personas que no tenían razón por la cual enamorarse o conocerse, de religiones diferentes, de países extraños, que coincidieron en una boda donde ninguno de los dos conocía a los novios. Media hora antes estaba pensando cuantos gatos tenía que adoptar y googleando los mejores países donde vive la gente soltera. Después de esa conversación me quedó claro que lo único que hay que tener es paciencia y fe.
  •  Entendí que no importa cuánto hable la gente de Dios en sus redes sociales, si sus acciones hacen daño al resto. Conocí a alguien que dice mil malas palabras por segundo y le da de comer a quienes más lo necesitan. Y a otra que grita en sus redes y en reuniones lo buena persona que es, se toma fotos ‘ayudando’ y trata mal a la señora que trabaja en su casa.
  •  Aprendí que las buenas decisiones pueden doler al inicio, pero que luego tienen una recompensa hermosa: paz.
  • Vi como los malos corazones se quedan con los malos corazones. Uno tiene los amores que merece. Si tienes un amor lindo es porque cosechaste eso con tus acciones, si hiciste daño y mentiste no esperes paz. 
  • Estoy rompiendo aún la idea que tengo del amor, no porque no sea buena, sino porque (también estoy aprendiendo eso) no todos los amores son iguales. Hay que romper estructuras para crear algo nuevo y lindo.
  • Aprendí que puedo ser buena persona incluso con quienes no son buenas conmigo. Sin extremos, sin dejar que me vean tonta, solo dando lo que tengo: amor y paz.
  • Este año entendí lo que dijo Carrie: Maybe you're only alloted a certain amount of tears per man... And I've used mine up. Y combinado con los otros aprendizajes que les mencioné las cosas han tomado un curso interesante.
  •  2017 me regaló a una chica obsesionada conmigo y con mis pasos. No por envidia,  sino por miedo. Y bueno, creo que aprendí a manejarlo. Al inicio me desesperaba y decía cosas como: ‘está loca, está enferma, es una mala persona’. Estos últimos meses solo decidí no volver a preocuparme por una persona que nunca estuvo en mi radar. Que no conozco y que no me interesa conocer. Solo le deseo mucho amor, porque estoy segura que lo necesita.
  • Aprendí y decidí no perderme los mejores años de mis padres.
  • ¿Recuerdan el post del año pasado donde digo que espero cambiar mis hábitos alimenticios? Ya, no lo logré. Pero es porque no puedo ser chévere todo el tiempo. Tengo mis cosas. JAJA, mentira. De hecho, el año pasado lo dije porque estaba gordita, pero este 2017  he tenido muchos problemas de salud, por eso aprendí que debo cuidar mis comidas no por verme bien, sino por sentirme mejor. Mi salud este año fue 6/10. Terrible. Tarjeta roja.
  •  Lo que lleva al siguiente aprendizaje: Sin salud, nada sirve. No importa si superas tus rupturas al día siguiente, si no puedes ni pararte de la cama a trabajar. Con salud, todo.
  • Aprendí que en serio soy la mamá del auto engaño. Una paja mental me metí todo el año: Que si que casi que soy el presidente de los Estados Unidos y no tengo tiempo para nada y dejé de leer de forma abrupta. Sin embargo, cuando en septiembre tomé una decisión correcta para mi corazón, la ansiedad se fue y empecé a leer  nuevamente. Los que me conocen saben que escribía en Cementerio de Libros, pero 'mi falta de tiempo' me impedía seguir aportando. Pero ahora ya regresé a regalarle mi plata a LibriMundi y Mr. Books. 
  •  Aprendí que quiero dejar de beber, pero este punto aún no lo resuelvo así que siguiente…
  •  Todo pasa por algo, a mí me pasa por ansiosa. Pero les juro que todo pasa por algo. Ese trabajo que no salió, ese viaje que no se dio, ese stalkeo que no pudiste cometer por el candado, pasa por algo. Confía en tu intuición.
  •  Entendí que dejar las cosas en manos de Dios, es demasiado mi asunto pero que es hermoso contar con él.
  • Que Dios es bueno y perfecto, que me coloca en los lugares y con las personas con las que debo estar para crecer. 
  •  Aprendí que no puedo andar por la vida queriendo cuidar a alguien que no se quiere.
  •  Que si te hace dormir llorando, eso no es amor.
  •  Que la gente buena encuentra gente hermosa para crecer juntos.
  • Que no puedo esperar que la gente haga las mismas cosas que yo hago por ellos.
  •  Que el amor no se grita, se hace y se expresa. El amor es una acción, no una frase bonita en whatsapp.
  •  Que las expectativas son terribles, que es mejor guardarlas en un cajón y hacer las cosas sin esperar nada.
  •  Que el amor llega, no importa cuánto te resistas, llega.

En resumen: Mi 2017, fue muy bueno. Mejor de lo que me esperaba porque no lo empecé con pie derecho. Sin embargo, esa mala decisión de enero hace que este año termine espectacular; gracias a ello, trabajé todos los días por tomar mejores decisiones que me hacen feliz a largo plazo y no para el momento. Saqué de mi vida a quienes no me aportaban nada y entraron en ella, quienes me hacen sonreír con solo ver su mensaje en mi celular. 

Sigo tomando decisiones de mierda porque este es un camino largo de aprendizaje, pero procuro que las buenas decisiones sean más. 



  ¡Gracias por leerme y confiar en mí! Que sea un año lleno de buenas decisiones. ¡Feliz 2018! 

lunes, 13 de noviembre de 2017

Las mentiras que nos dijeron.

Quería escribir este post hace demasiado tiempo, cuando en Twitter un grupo de chicas pusimos las mentiras que nos dijeron ciertos hombres que pasaron por nuestras vidas. Mentiras, que ahora nos causan gracia, pero que en su momento todas quisimos creer (porque no siempre lo lograron)

Algunas personas saltaron, nos dijeron que aún sufrimos y que somos cachudas, mozas, lentas. Y bueno, de los cachos no se salva nadie, y de las mentiras no todos podemos huir. Las del corazón sano fuimos nosotras, no ellos.

Bueno, aquí empieza la lista que escribimos en ese chat en Twitter y por supuesto en conversaciones con mis amigas, si alguna vez te dijeron esto: Ñaña, no estás sola.
  • ·         La man es turrísima’: Empiezas a sospechar, le preguntas y él te contesta qué cómo se te ocurre que él le va a parar bola a esa mujer poco agraciada, si tiene tremendo mujerón junto a él. Generalmente, con la ‘turrísima’ nos puso los cachos.
  • ·         Es una ex loca obsesionada conmigo’: Hay mujeres locas, eso no lo duden, pero esa ex loca podría ser la novia actual loca. Que obvio lo llama a cada rato, porque es su novia, no su ex.
  • ·         ‘Estamos pasando un mal momento, nos vamos a separar’: Ni siquiera voy a explicar esto porque es demasiado obvio que es mentira.
  • ·         ‘Si la dejo sola, se va a matar’: Él, el salvador. En serio, creemos huevadas.
  • ·         ‘Sólo viajamos juntos porque compramos hace tiempo las entradas para un concierto y ya, todo exageras’
  • ·         ‘Te juro que si fuera por mí, a ese viaje me iría contigo, contigo me pasó como nunca me he pasado con ella’
  • ·         Hace mucho tiempo no era tan feliz, con ella ya ni me doy picos.
  • ·         Eres lo mejor que me pasó, contigo me di cuenta que estar con ella es un error
  • ·         ‘Me fui a Bogotá con ella y todo el tiempo solo pensé en ti’
  • ·         'Nosotros vamos a terminar juntos, ya verás'
  • ·         ‘Se me quedó el celular todo el fin de semana en el carro, sorry amor’
  • ·         ‘A ella no la amo, estoy por ella porque no tiene plata y yo no voy a dejarla botada, soy buena persona’
  • Salgo de una relación larga y no me siento preparado para esto (la relación larga pasó hace 5 años)
  • Nunca me ha gustado subir fotos a las redes sociales.
  • ¿Para qué vamos a subir una foto juntos? La gente se va a meter. No demos papaya. 
  • No uso redes sociales, me dan igual. *sube una foto con el man de cabify a twitter*
  • ¿Estamos bien así? ¿Para qué le vamos a decir al mundo que estamos juntos?
  • Es una man de mi trabajo que me acosa pero no puedo hacer nada porque se lleva súper bien con mi jefe.
  • Mi amor, la man trata así a todo el mundo.
  • Tú me dejas, y se acaba el amor para mí. No voy a volver a amar así. 
  • Me encantas, no te quiero hacer daño, déjame protegerte de mí.
  • Quiero conocer a tu familia, comprarme un gato contigo pero dame un año que arreglo las cosas en mi cabeza.
  • ·         ‘No te contesté estos días, porque no paso pegado en el celular’
  • ·         ‘Amor no te voy a contestar el teléfono desde las 22:00 porque me duermo y tengo el sueño ligero, así que lo voy a apagar’
  • ·         ‘Que la man suba una foto a instagram conmigo y diga que nos vamos a casar no quiere decir que estamos bien'
  • ·         ‘La que sube fotos conmigo es ella, no yo. ¿qué no te das cuenta que la man está loca?’
  • ·         ‘Es un proceso difícil, pero tú y yo vamos a terminar juntos’
  • ·         ‘La que me escribe es ella, yo le contesto por amable’


Podría ser el mismo hombre, pero en la conversación éramos 7 chicas. Sé que no va a faltar la persona que diga: Pero, qué brutas ¿cómo van a creer eso?  'de ley fueron la otra' 'mozas' y todas esas cosas, pero miren de algunas sé la historia y de otras no, pero de las que conozco son exs queriendo regresar, chicos que no querían algo serio, hombres que dijeron una de esas mentiras para acercarse, chicos que ya salían con alguien y que decían que era la mejor amiga y es re fácil juzgar. segura que tienen muchas más mentiras, me cuentan y las agrego. Muchas gracias por leer. 

Ps. Intenten por 5 minutos no asumir huevadas. Besos. 

Saludos,


Juzz

domingo, 15 de octubre de 2017

Decisiones de mierda y de paz.

Quisiera que exista un límite para la toma de malas decisiones. Lo necesito URG. ASAP. No digo que a veces no tomo buenas, no digo que no veo resultados con mis buenas decisiones. Los veo, los disfruto, me alegro por mí, y tomo biela en nombre de mis aciertos. Pero, al parecer, por cada buena decisión  tomo 5 malas y así no sale. Así no se puede. Camino decidida hacia mi meta buena, me pongo tacos, me maquillo, y hasta me peino para llegar. Me pasa en las cosas más simples y en las más cotidianas, incluso en las que se requiere pensar con el corazón y con otros órganos que no deben decidir cosas.  Dejo el azúcar y bajo de peso ¿cómo celebro? comiendo Tere, bebiendo, regresando al azúcar. Simple. Me alejo lo suficiente de él, tanto que puedo decirle al mundo que soy una mujer ‘ex free’ ¿cómo lo logré? Fijándome en alguien  que estoy segura, nunca podría tener una relación. Órganos que no deberían decidir.

Mis malas decisiones han tenido como resultado:
  • ·         Llanto en el escritorio y baño del trabajo.
  • ·         Compra de tickets de avión que nunca pensé comprar.
  • ·         Compras impulsivas (hace poco me compré un librero, lo necesitaba igual, gracias)
  • ·         Ansiedad a las 04:34 am.
  • ·         Audios que pasan los cinco minutos para Mabe.
  • ·         Búsquedas de trabajo en otra ciudad.
  • ·         Dietas estúpidas.
  • ·         Sedorm
  • ·         Más malas decisiones.


Mis buenas decisiones también han desencadenado situaciones:
  • ·         Paz.

Quizá esperaban más ítems, pero la realidad es que cuando tengo paz, tengo todo. Más trabajo, más amor, más dormir sin despertar con un nudo en la garganta a las 04:34. Quiero que sepan que estoy consciente de mis decisiones de mierda, que sé que cuando contesto cierto mensaje, respondo una llamada, o simplemente decido seguir en algo que no me lleva a ningún lado pienso ‘eres una huevada y te harás cargo de las consecuencias’. Las decisiones de mierda las tomo rápido. No las pienso tanto y por eso vienen en combo.

Las decisiones de paz, las analizo más, contrario a lo que puedan pensar tomar decisiones buenas es complejo (para mí). Entiendo que va a llegar la paz, pero me asusta el reflejo del dolor que quizá pueda sentir al tomarla. Algún día escribí ‘Las buenas decisiones tienen un sabor amargo al inicio, pero después saben a chocolate caliente’ sin embargo, alguien me dijo que no siempre era así que existían buenas decisiones que sabían a chocolate caliente de inmediato. Pensaba que necesito que las decisiones de paz tengan sabor a whisky.

Supongo que uno nunca deja de tomar decisiones de mierda, quizá es cuestión de madurez y amor propio. Quizá simplemente nos asusta la paz, porque no sabemos cómo hacer cuando todo sale bien. Por mi lado, intento tomar al día una decisión de paz. Las de mierda llegan solas. Por esas ni me preocupo.

Saludos

sábado, 12 de agosto de 2017

El corazón podrido del regionalismo.

Yo nací en la tierra de las bellas palmeras (regeneración urbana), de cristalinos ríos (creo que no vemos los mismos ríos) de paisaje ideal (oki). Soy guayaquileña y me siento orgullosa del lugar donde nací. Mis padres también son guayaquileños. Mi abuela materna era montubia, y mi abuelo era bien guayaquileño (él decía que era colombiano pero no le creemos). Mis abuelos paternos son manabitas. Harta costa, por donde se vea. Crecí escuchando cosas acerca de la gente de la sierra, en la familia, en el colegio, la universidad y en la sociedad: 

'Los serranos son malos. Los serranos son lentos y quedados. Los serranos son hipócritas. Nunca te cases con un serrano porque son agarrados. Los serranos son mojigatos, curuchupas, te sonríen y la puñalada por la espalda. El serrano juzga sin parar. Los serranos esto. Los serranos aquello.'

A las doce años, conocí a mi mejor amiga. Cuando fui por primera vez a su casa me presentó a la mujer que la crío, su abuelita. Una señora muy linda nacida en Machachi. A pesar de vivir 50 años en Guayaquil, conserva su acento, muy fuerte, muy marcado. En la casa de Mabe, se come papa, chochos, tostado, se hacen guaguas de pan como tradición. Cuando me acompaña a hacer compras, Mabe toma de la estantería chochos y yo le digo: longa (este año descubrí que eso los ofende, a Mabe no). Nos reímos. Mi mejor amiga es mitad quiteña, mitad guayaquileña. La amo; no por sus raíces, si no por lo transparente que es.

Trabajo en una empresa quiteña, mi equipo es quiteño. Soy la única 'mona' (este año también descubrí que esta palabra le ofende a algunos, a mí no). Nunca antes había trabajado directamente con gente de allá. Recordaba todo lo que me dijo la familia, la institución, la sociedad: Malos, lentos, juzgones. Entonces frente a ellos exageraba, decía más malas palabras, era más imprudente, me reía más alto. Me divertía afirmando 'lo malo y juzgones' que me dijeron que eran. 

La vida se quiso reír un poco de mí, y logró meter en mi corazón a un quiteño. Teníamos muchas preguntas sobre nuestras culturas. Por ejemplo, yo siempre me había cuestionado por qué yo sentía que era peyorativo referirme a ellos como 'serranos' cuando simplemente es una expresión de ubicación regional, al igual que 'costeños'. 'Nos ofendemos por todo', me contestó mientras se tomaba una cerveza conmigo frente a Puerto Santa Ana. Él también tenía dudas. Una vez me dijo que las personas aquí lo tocan mientras hablan, y a él no le gustaba, que no entendía porqué hacíamos eso, que era invasivo. Yo, una mujer totalmente kinestésica, le explicaba mientras tocaba su cara que para mí era un 'eres agradable, y me siento cómoda contándote esto'

Ha pasado el tiempo, y les tengo algunas noticias, la primera: La gente de la sierra no me cae mal. No todos son lentos. No todos son malos, no todos son hipócritas, no todas son mojis. Y es que aquí viene la noticia número dos: ¡ellos también crecieron escuchando cosas de nosotros los guayaquileños y costeños!

El costeño es vago, la mona es puta, el guayaquileño es malcriado, imprudente, vulgar. El costeño es ladrón. La mona es interesada y superficial. Los monos son desorganizados. El guayaquileño es creído y belicoso. El mono esto, la mona aquello.

La realidad es que conozco a un quiteño espectacular, abrumadoramente inteligente, rápido, desprendido de sus cosas materiales, que le dice longos y curuchupas a su propia gente, que dice 'huevada' frente a quién sea y tiene el corazón bueno. Escucho de 'monos' que no dicen una mala palabra, una grosería, ni realizan imprudencias, pero juzgan, hablan mal, no dan un grano de arroz de su plato de comida, y tienen el corazón feo. He visto serranas que te pueden abrazar, decirte que te quieren y 15 minutos después reírse de ti, burlarse, juzgarte, de corazón podrido. Sé de monas trabajadoras, organizadas, humildes que putean rico y tienen el corazón rojito. (ahora lean esta misma oración colocando 'hombre' y 'mujer' en lugar de 'quiteño' 'monas' 'serranas' 'monos')  Es decir, conozco PERSONAS buenas y malas. ¿De dónde son? Es lo de menos. 

El punto es mi queridos lectores, serranos, costeños y guayaquileños (sí,soy creída de mi pueblo grande) seguimos generalizando y nos olvidamos que cuando eres mala persona, lo eres así hayas nacido en la ciudad más grande o el pueblo más pequeño. Que a los seres humanos no nos define el lugar donde nacimos. Que efectivamente tenemos culturas diferentes, que procedemos de otras formas, que tenemos distintos observadores de los mismos temas. Pero aquí todos nos seguimos señalando con el dedo. Lo que realmente nos define es lo que tenemos en el corazón y lo que ofrecemos al resto. 

Yo sé que nos reímos mucho, que nos burlamos de nuestras formas de hablar, que ya perdimos porque el Mashi es guayaquileño, que sabemos que la Sierra sufre ese frío porque hacen cosas como 'ceviche de pollo'. Pero en lugar de juzgar huevadas, juzguemos los malos corazones. Prefiero mil veces decir 'lojbejbej' o alguna imprudencia que hablar mal del resto. Prefiere ser 'lento y bobo' a colarte en una fila y sentirte 'sabido'. 

PORQUE CUANDO TIENES EL CORAZÓN PODRIDO, LO TIENES EN CUALQUIER REGIÓN.


Ps 1. Aún disfruto de decir malas palabras y ser imprudente frente a mi querida gente de la sierra por el simple gusto de verlos sonrojar, juzgarme mentalmente, y alterar sus sentidos. Pero es con cariño. 
Ps 2. Yo suelo pecar con comentarios regionalistas, entonces este es un llamado de atención también para mí.
Ps 3. Los cachos tampoco perdonan región, por si acaso.

Ps 4. Pídase mejor tigrillo que bolón en el Café de Tere.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Historia de una niña que no hablaba con los taxistas.

Casi nunca hablo con los señores taxistas. Me pongo los audífonos y pienso en mi trabajo, mi vida amorosa, mis finanzas, en cualquier vaina. Pero no hablo. Salvo para dar alguna indicación. Mi excusa es que hablo todo el día, que sonrío todo el día, que voy a llegar donde deba llegar y deberé hablar, sonreír y ser linda otra vez. Aprovecho ese breve momento de viaje para estar callada. Ayer mi taxi llegó tarde, estaba un poco perdido, y yo no de tan buen humor. Nunca llamo la atención, nunca grito, nunca digo nada, demuestro mi incomodidad en silencio. Buenas tardes, buenas tardes. Lo noté ansioso. Me puse los audífonos dispuesta a hacerme la loca y comer unos chocolates que había comprado. De reojo lo noté un poco confundido. Amigo ¿qué ruta va a tomar?, la respuesta fue otra pregunta ¿me puede ayudar?. Obvio, y empecé a indicarle el camino. Tenía acento de la sierra. ¿No es de Guayaquil, verdad?. Luis, ese es su nombre, me dijo que no pero que tenía 22 años viviendo en La Perla. Me quité los audífonos y los guardé. Empecé a conversar, Luis se relajaba. Que tenía dos semanas en este nuevo trabajo, que la tecnología y él no se llevan, que hoy entregaba el carro al dueño, que no era tan fácil. Luis tiene dos hijas, la primera de dos años y una bebé de dos meses. En las semanas que lleva trabajando aún no le pagan. Alquila el auto y aún no definen la forma de pago. Nunca había taxeado antes, ni ha tenido un auto propio. Le pregunté cómo sabía manejar, me contó que cuando empezó su vida laboral alquilaba autos para practicar, afirmó que aprendió a conducir el primer día que cogió un carro. ¿Qué hacía antes Luis? Era mesero, betunero, vendía fundas. Los pañales no perdonan un día sin dinero y decidió meter carpeta en una compañía de taxis. Sin embargo, estas dos semanas han sido las peores. Los beneficios que le propone la empresa no son iguales a los que les dice el dueño del vehículo. Los procesos le parecen difíciles, y no sabía que tenía tickets para la gasolina y cómo no tenía efectivo le pidió a su jefe, el cuál le gritó y le preguntó si estaba jugando. Esto pasó justo antes de tomar mi carrera. ‘Nadie me explica, no entiendo y me gritó, pero no entiendo’. Me preguntó si era profesional y si salía de mi trabajo, le dije que sí. Me felicitó. Él no terminó el colegio y su papá no lo apoyó. Quisiera regresar el tiempo. Le explico que hay opciones, que aún puede terminarlo. Me dice de sus bebés, del tiempo, del trabajo, que ya está viejo. 

Cambiamos de tema y le pregunto dónde nació: Riobamba, donde hay cuy. Empezamos una conversación sobre la comida de la costa y de la sierra. Luis gusta de las especialidades culinarias de las dos regiones. Me sigue preguntando si está bien la ruta que está tomando, que lo disculpe, que no conoce. Me cuenta que siempre ha querido probar la sal prieta, que una vez fue a Manta, y quería pedir pero tenía miedo que le cobren porque tenía lo justo. Con su esposa tienen decidido probar la sal prieta. Le digo que es buena, que le va a gustar, que la acompañe con patacones. Me pide que cambiemos de tema, que no ha almorzado. ‘Hoy voy a conversar con mi esposa, no puedo seguir aquí, me siento mal’. Le comento que me alegra que lo consulte con ella, me dice que son un equipo. Me pide que le explique qué es la puntuación, que le habían dicho que la tenía baja, y que él sabía que era porque muchas veces pedía ayuda para llegar pero que no entendía si el pasajero llamaba a la compañía o se pasaban mensajes. Le explico. Vamos llegando a mi destino. En dos semanas, es la primera vez que converso con un pasajero. Todos vienen ocupados o miran por la ventana y uno no existe, pero está bien yo también tengo cosas que pensar, me cuenta Luis. No le quería contar que no es algo que hago a menudo. Gracias por conversar conmigo, me dice mientras me bajo del auto. 5 estrellas para Luis, cero para mí por pensar que soy la única que tiene problemas.