sábado, 12 de agosto de 2017

El corazón podrido del regionalismo.

Yo nací en la tierra de las bellas palmeras (regeneración urbana), de cristalinos ríos (creo que no vemos los mismos ríos) de paisaje ideal (oki). Soy guayaquileña y me siento orgullosa del lugar donde nací. Mis padres también son guayaquileños. Mi abuela materna era montubia, y mi abuelo era bien guayaquileño (él decía que era colombiano pero no le creemos). Mis abuelos paternos son manabitas. Harta costa, por donde se vea. Crecí escuchando cosas acerca de la gente de la sierra, en la familia, en el colegio, la universidad y en la sociedad: 

'Los serranos son malos. Los serranos son lentos y quedados. Los serranos son hipócritas. Nunca te cases con un serrano porque son agarrados. Los serranos son mojigatos, curuchupas, te sonríen y la puñalada por la espalda. El serrano juzga sin parar. Los serranos esto. Los serranos aquello.'

A las doce años, conocí a mi mejor amiga. Cuando fui por primera vez a su casa me presentó a la mujer que la crío, su abuelita. Una señora muy linda nacida en Machachi. A pesar de vivir 50 años en Guayaquil, conserva su acento, muy fuerte, muy marcado. En la casa de Mabe, se come papa, chochos, tostado, se hacen guaguas de pan como tradición. Cuando me acompaña a hacer compras, Mabe toma de la estantería chochos y yo le digo: longa (este año descubrí que eso los ofende, a Mabe no). Nos reímos. Mi mejor amiga es mitad quiteña, mitad guayaquileña. La amo; no por sus raíces, si no por lo transparente que es.

Trabajo en una empresa quiteña, mi equipo es quiteño. Soy la única 'mona' (este año también descubrí que esta palabra le ofende a algunos, a mí no). Nunca antes había trabajado directamente con gente de allá. Recordaba todo lo que me dijo la familia, la institución, la sociedad: Malos, lentos, juzgones. Entonces frente a ellos exageraba, decía más malas palabras, era más imprudente, me reía más alto. Me divertía afirmando 'lo malo y juzgones' que me dijeron que eran. 

La vida se quiso reír un poco de mí, y logró meter en mi corazón a un quiteño. Teníamos muchas preguntas sobre nuestras culturas. Por ejemplo, yo siempre me había cuestionado por qué yo sentía que era peyorativo referirme a ellos como 'serranos' cuando simplemente es una expresión de ubicación regional, al igual que 'costeños'. 'Nos ofendemos por todo', me contestó mientras se tomaba una cerveza conmigo frente a Puerto Santa Ana. Él también tenía dudas. Una vez me dijo que las personas aquí lo tocan mientras hablan, y a él no le gustaba, que no entendía porqué hacíamos eso, que era invasivo. Yo, una mujer totalmente kinestésica, le explicaba mientras tocaba su cara que para mí era un 'eres agradable, y me siento cómoda contándote esto'

Ha pasado el tiempo, y les tengo algunas noticias, la primera: La gente de la sierra no me cae mal. No todos son lentos. No todos son malos, no todos son hipócritas, no todas son mojis. Y es que aquí viene la noticia número dos: ¡ellos también crecieron escuchando cosas de nosotros los guayaquileños y costeños!

El costeño es vago, la mona es puta, el guayaquileño es malcriado, imprudente, vulgar. El costeño es ladrón. La mona es interesada y superficial. Los monos son desorganizados. El guayaquileño es creído y belicoso. El mono esto, la mona aquello.

La realidad es que conozco a un quiteño espectacular, abrumadoramente inteligente, rápido, desprendido de sus cosas materiales, que le dice longos y curuchupas a su propia gente, que dice 'huevada' frente a quién sea y tiene el corazón bueno. Escucho de 'monos' que no dicen una mala palabra, una grosería, ni realizan imprudencias, pero juzgan, hablan mal, no dan un grano de arroz de su plato de comida, y tienen el corazón feo. He visto serranas que te pueden abrazar, decirte que te quieren y 15 minutos después reírse de ti, burlarse, juzgarte, de corazón podrido. Sé de monas trabajadoras, organizadas, humildes que putean rico y tienen el corazón rojito. (ahora lean esta misma oración colocando 'hombre' y 'mujer' en lugar de 'quiteño' 'monas' 'serranas' 'monos')  Es decir, conozco PERSONAS buenas y malas. ¿De dónde son? Es lo de menos. 

El punto es mi queridos lectores, serranos, costeños y guayaquileños (sí,soy creída de mi pueblo grande) seguimos generalizando y nos olvidamos que cuando eres mala persona, lo eres así hayas nacido en la ciudad más grande o el pueblo más pequeño. Que a los seres humanos no nos define el lugar donde nacimos. Que efectivamente tenemos culturas diferentes, que procedemos de otras formas, que tenemos distintos observadores de los mismos temas. Pero aquí todos nos seguimos señalando con el dedo. Lo que realmente nos define es lo que tenemos en el corazón y lo que ofrecemos al resto. 

Yo sé que nos reímos mucho, que nos burlamos de nuestras formas de hablar, que ya perdimos porque el Mashi es guayaquileño, que sabemos que la Sierra sufre ese frío porque hacen cosas como 'ceviche de pollo'. Pero en lugar de juzgar huevadas, juzguemos los malos corazones. Prefiero mil veces decir 'lojbejbej' o alguna imprudencia que hablar mal del resto. Prefiere ser 'lento y bobo' a colarte en una fila y sentirte 'sabido'. 

PORQUE CUANDO TIENES EL CORAZÓN PODRIDO, LO TIENES EN CUALQUIER REGIÓN.


Ps 1. Aún disfruto de decir malas palabras y ser imprudente frente a mi querida gente de la sierra por el simple gusto de verlos sonrojar, juzgarme mentalmente, y alterar sus sentidos. Pero es con cariño. 
Ps 2. Yo suelo pecar con comentarios regionalistas, entonces este es un llamado de atención también para mí.
Ps 3. Los cachos tampoco perdonan región, por si acaso.

Ps 4. Pídase mejor tigrillo que bolón en el Café de Tere.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Historia de una niña que no hablaba con los taxistas.

Casi nunca hablo con los señores taxistas. Me pongo los audífonos y pienso en mi trabajo, mi vida amorosa, mis finanzas, en cualquier vaina. Pero no hablo. Salvo para dar alguna indicación. Mi excusa es que hablo todo el día, que sonrío todo el día, que voy a llegar donde deba llegar y deberé hablar, sonreír y ser linda otra vez. Aprovecho ese breve momento de viaje para estar callada. Ayer mi taxi llegó tarde, estaba un poco perdido, y yo no de tan buen humor. Nunca llamo la atención, nunca grito, nunca digo nada, demuestro mi incomodidad en silencio. Buenas tardes, buenas tardes. Lo noté ansioso. Me puse los audífonos dispuesta a hacerme la loca y comer unos chocolates que había comprado. De reojo lo noté un poco confundido. Amigo ¿qué ruta va a tomar?, la respuesta fue otra pregunta ¿me puede ayudar?. Obvio, y empecé a indicarle el camino. Tenía acento de la sierra. ¿No es de Guayaquil, verdad?. Luis, ese es su nombre, me dijo que no pero que tenía 22 años viviendo en La Perla. Me quité los audífonos y los guardé. Empecé a conversar, Luis se relajaba. Que tenía dos semanas en este nuevo trabajo, que la tecnología y él no se llevan, que hoy entregaba el carro al dueño, que no era tan fácil. Luis tiene dos hijas, la primera de dos años y una bebé de dos meses. En las semanas que lleva trabajando aún no le pagan. Alquila el auto y aún no definen la forma de pago. Nunca había taxeado antes, ni ha tenido un auto propio. Le pregunté cómo sabía manejar, me contó que cuando empezó su vida laboral alquilaba autos para practicar, afirmó que aprendió a conducir el primer día que cogió un carro. ¿Qué hacía antes Luis? Era mesero, betunero, vendía fundas. Los pañales no perdonan un día sin dinero y decidió meter carpeta en una compañía de taxis. Sin embargo, estas dos semanas han sido las peores. Los beneficios que le propone la empresa no son iguales a los que les dice el dueño del vehículo. Los procesos le parecen difíciles, y no sabía que tenía tickets para la gasolina y cómo no tenía efectivo le pidió a su jefe, el cuál le gritó y le preguntó si estaba jugando. Esto pasó justo antes de tomar mi carrera. ‘Nadie me explica, no entiendo y me gritó, pero no entiendo’. Me preguntó si era profesional y si salía de mi trabajo, le dije que sí. Me felicitó. Él no terminó el colegio y su papá no lo apoyó. Quisiera regresar el tiempo. Le explico que hay opciones, que aún puede terminarlo. Me dice de sus bebés, del tiempo, del trabajo, que ya está viejo. 

Cambiamos de tema y le pregunto dónde nació: Riobamba, donde hay cuy. Empezamos una conversación sobre la comida de la costa y de la sierra. Luis gusta de las especialidades culinarias de las dos regiones. Me sigue preguntando si está bien la ruta que está tomando, que lo disculpe, que no conoce. Me cuenta que siempre ha querido probar la sal prieta, que una vez fue a Manta, y quería pedir pero tenía miedo que le cobren porque tenía lo justo. Con su esposa tienen decidido probar la sal prieta. Le digo que es buena, que le va a gustar, que la acompañe con patacones. Me pide que cambiemos de tema, que no ha almorzado. ‘Hoy voy a conversar con mi esposa, no puedo seguir aquí, me siento mal’. Le comento que me alegra que lo consulte con ella, me dice que son un equipo. Me pide que le explique qué es la puntuación, que le habían dicho que la tenía baja, y que él sabía que era porque muchas veces pedía ayuda para llegar pero que no entendía si el pasajero llamaba a la compañía o se pasaban mensajes. Le explico. Vamos llegando a mi destino. En dos semanas, es la primera vez que converso con un pasajero. Todos vienen ocupados o miran por la ventana y uno no existe, pero está bien yo también tengo cosas que pensar, me cuenta Luis. No le quería contar que no es algo que hago a menudo. Gracias por conversar conmigo, me dice mientras me bajo del auto. 5 estrellas para Luis, cero para mí por pensar que soy la única que tiene problemas. 

jueves, 29 de junio de 2017

Gente que es vicio.

‘No dejo el tabaco porque me entra ansiedad y como el doble’  ‘dejar el café es imposible, sino no rindo’ ‘necesito tomar la pastilla para dormir, de otra forma mi cuerpo reacciona mal’.

Los vicios y las excusan vienen en dos por uno, en promoción, para regalar.

  • -          ¿Por qué no lo dejas?
  • -          No puedo, es buena persona y me da pena.

Sí, la gente también es vicio. O bueno, lo tóxico es vicio. El drama también.
  • -¿Por qué le sigues contestando a tu ex?
  •      -  Es solo por el sexo.

¡Boom! Excusa. Como dice una amiga y excelente sicóloga: ‘Tirar con el señor que  trabaja cuidando la ciudadela es más sano que tirar con alguien que amas y él/ella ya no’.

Pero las excusas son gratis, y los vicios ricos:
  • -          No tienes futuro con ese/a man, ¿por qué sigues ahí?’
  • -          No me afecta, además me entretengo.


Ajá, como si no tuvieras Netflix para entretenerte. Como si no estuvieras consciente que sencillamente no quieres salir de ahí. Porque sarna con gusto no pica. Porque se siente bien, porque prefieres la satisfacción inmediata que la de largo plazo. Porque lo amas o la amas y no quieres decírselo al mundo porque quedarías muy mal. Ni siquiera quieres pensar que es así, porque sería decepcionarte de ti. Porque es un vicio que huele bien, que besa rico y que un día prometió amarte pase lo que pase. Porque después del vicio qué. Porque sin el vicio qué hacemos, a quién llamamos, con quién cenamos, con quién peleamos.

El problema con los vicios es que no son sanos. No es el amor de tu vida, es el vicio de tu vida. Y así como el café trae gastritis, la pastilla problemas de ansiedad, y el tabaco cáncer; en algún momento el vicio que habla lindo, que tira rico y que no te llama por semanas también tiene consecuencias turras.


Los vicios se quitan. Por lo general con otros vicios, para qué nos vamos a mentir. Pero lo ideal sería ser conscientes que estamos atados a él y decidir ponernos un parche (puede ser yoga, astrología, amigos, libros, sicóloga) y salir de ese vicio. Es posible. Lo prometo. 

miércoles, 7 de junio de 2017

La Mentira

Mientras escucho 'La mentira' de Luis Miguel quiero salir corriendo a servirme un vaso de whisky, ponerme un bikini y entrar a la piscina pero no puedo porque estoy trabajando en una estrategia para un piloto, porque no hace sol, porque no tengo piscina, porque son las once de la mañana. Tener ganas de beber a las once de la manana de ley es signo de que algo no va bien. 

'Por mi parte te devuelvo tu promesa de adorarme' me grita Luismi, mientras bebo el agua que me serví para imaginar que es whisky y seguir trabajando. Escucho la letra y entiendo que al pobre hombre alguien lo terminó pero que lo está tomando de la mejor forma, que entiende que nadie se va a morir, que todo bien. Algo que no me pasa. 

Una vez me terminaron. Pero en serio, en serio. Ese 'adiós' de verdad. Ese adiós en el que juras que el tipo se va a arrepentir mientras compras una botella de cualquier alcohol barato y planeas cómo vas a estar más flaca. Ha pasado el tiempo y la verdad es que ni él arrepentido, ni yo flaca. El punto es que me encanta como Luis Miguel le reclama a ella que hizo una promesa y que no la está cumpliendo pero al mismo tiempo le dice 'tranqui flaca, este pacto no es con Dios, so is not a big deal'. 

Voy a invocar al espíritu de Luismi la próxima vez que alguien me termine. Espero que no me pase pronto, porque llorar me hincha la cara y mi cara ya parece una papa. Solo estaré lista con el mensaje en whatsapp 'AHHHH, y hoy resulta que no soy de la estatura de tu vida' cuando dos días antes me había dicho que soy 'el amor de su vida'. Bueno quizá es gato y no soy el amor de ESTA vida. Quizá y sólo debo dejar de escuchar Romances I, II, III y el regreso del JediSoldeAmérica en horario de oficina. 

martes, 6 de junio de 2017

Del amor, del sexo y de la paz de tu vida

Debemos aprender a ser sinceros con nosotros mismos. Enamorados, siempre creemos que encontramos el amor, el sexo y la paz de nuestras vidas en un ser humano. Pensamos: ‘finalmente, este ser integral llegó a mí, para no irse’. Y no, no es así. La vida no es color de rosa, el verde sí engorda y hacer tres en raya en esto es jodidísimo.

Debemos aceptar que le decimos amor a cualquier cosa; sexo a cualquier polvo y paz a cualquier mensaje de buenos días en la mañana. Y aunque el amor, el sexo y la paz son conceptos subjetivos, todo tiene una base.

Amor es ese tipo o tipa que pasan los años, lo ves y el corazón, la cabeza y el calzón se alteran. Es ese ser que afirma haberte soltado y al que juras haber ‘dejado ir’ pero siguen pendiente de sus vidas, ese hombre o mujer que te apoya a la distancia y que te llama la atención cuando te desvías de tu camino. El sexo no es primera página con el amor, sin embargo cuando es real siempre hay paz. Sin amor no hay paz, y no se puede llamar amor si te da ansiedad.  Y si ese ‘amor’ te deprime, te predispone a la tristeza no es amor, es cualquier cosa, es una vaina parecidísima pero no amor.

El sexo es chévere. Es genial, una cosa espectacular que con corazón o sin este en la cama siempre se disfruta. Y en el camino, este hombre o mujer espectacular te muestra tantos caminos húmedos y deliciosos que agradeces con más sexo. Encontrar al sexo de tu vida es querer ponerle una estrellita en la frente cuando terminan. Con el cual te puedes tomar una biela, conversar de todo y ver porno, incluso sentir paz, sin embargo tú sabes que no es amor. Aquí también la cabeza y el calzón se alteran, pero el corazón se sienta a ver el espectáculo con whisky en mano. Enamorarse del sexo de tu vida también puede ser doloroso, porque cuando no llega a ‘amor’ es por algo: no está ‘disponible’ emocionalmente, y qué imán somos algunas para esas relaciones.

Y la paz, la paz es tan bonita. La voz de alguien puede dar paz. Pero a lo que me refiero en este instante es a La Paz tipo: ‘se puede caer el mundo, todo va estar bien porque con él/ella todo está bien’ es la confianza, es cero intermitencia, es quién te está mirando cuando lo regresas a ver porque está ahí para recordarte que no estás solo. Cuando alguien te da paz, te da todo: amor, sexo, y una sensación increíble de ‘todo se puede lograr'



Encontrar el amor, el sexo y la paz en una sola persona es ding, ding JACKPOT, ding, ding POSIBLE, ding ding, NO LO DEJES IR, ding ding TODOS NOS MERECEMOS UNO ding ding. 

sábado, 27 de mayo de 2017

Resultado del Vandush

Ni siquiera intentaré excusar mi desaparición. No hay excusas. Hay 5 borradores que se rehúsan a ser publicados. Estúpida auto-censura. Y qué pena porque una entrada hasta la escribí ebria y que bonitos son los sentimientos cuando uno está con el alcohol en toda la sangre. 

Luis Miguel me ayudó a escribir esa entrada. El Vandush también. Posiblemente no la publique jamás, pero les puedo asegurar que Hemingway tenía razón con eso de 'Escribe ebrio, edita sobrio'. Solo que yo ni pude editarla. Ahí me la quedo. Qué misterio pensarán. Pero es que era un remedo de todo lo que he escrito hasta ahora, amor, regreso, inicio, final, Juanito, voluntad, RightNow. Cuando estamos borrachos escribimos y hablamos con el corazón conectado a la boca y a las manos. 

Nunca le he escrito a un ex novio o a algún crush, mientras he estado bebiendo o ya borracha. Como siempre les cuento, mis cagadas con ellos siempre han sido en un estado absoluto de sobriedad que genera una culpa infinita. Porque los errores conscientes no tienen excusa. Cuando tengo cuatro margaritas en la cabeza prefiero poner una canción que me recuerde algo. Malo o bueno. Pero que sea recuerdo. La canción que me dedicó, la canción que le dediqué, la canción que secretamente le dediqué. No me gusta llorar ebria, la gente toma fotos. Además eso sobria lo hago bastante bien. No necesito alcohol para eso. 

Generalmente soy una persona que digo lo que pienso, entonces cuando estoy borracha es igual pero no cuido las palabras. En el escrito mencionaba que es espectacular embriagarse con tu pareja, besar y que su boca sepa al trago favorito, poder decirle protegida por el uso del alcohol que lo amas y que no suene tan mal porque él también está ebrio -al inicio por lo menos-. Todas las emociones son fuertes, incluso el sexo se intensifica (no aplica para todos). 

Quizá y esa entrada era mi masterpiece pero es tan tan, que no no. 

Prometo no desaparecer seguido.

Besos.

viernes, 7 de abril de 2017

Recordatorio

El año pasado en un arrebato de rabia y decepción, eliminé algunas entradas. Sí, eliminé sin piedad. El hígado y la cabeza me dijeron que era lo que debía hacer para sentirme mejor. Como si de esa forma lograra eliminar algo de lo que sentía. Pero como me pasa con la mayoría de las decisiones que tomo con el hígado: me arrepentí. Fueron días de google y yo, buscando sin parar alguna solución para recuperar los posts eliminados por el hígado. Y lo logré porque google es como el amor: todo lo puede, todo lo soporta, todo lo vence. 
Intactas, las tomé y las pegué. Ahí estaba, tal cual lo sentí, leí esas entradas que escribí con tanto amor y nostalgia y supe que pase lo que pase no las iba a volver a borrar. Porque el amor acaba pero la historia queda. Que la historia sea buena o mala, linda o novela barata del 8, es otro factor. 
Mientras volvía a publicar las entradas, en la fecha que las escribí, y que alguna vez tecleé llena de emoción, pensaba que no importaba lo que haya significado para él (que seguramente fue nada) para mí alguna vez significó todo. Pensaba que puedes eliminar chats, posts, fotos, vídeos, y que aún así no puedes eliminar recuerdos del corazón y la cabeza. Que de alguna forma todo eso que sentí, me recordó que hay amor después del amor, como dice Fito. Aunque para él solo haya sido: una man equis después del amor. 

Fue el recordatorio que sí puedo amar como loca -sin perder la dignidad y después de haber dicho que jamás me iba a volver a enamorar- y que, sobretodo, puedo mirar atrás sin que me duela.